2005: Primer año de trabajo de los dos y uno de los más difíciles de las carreras de ambos (yo, Sociales; él, Económicas). El poco tiempo que teníamos en donde no trabajábamos, ni estudiábamos, ni dormíamos, estábamos juntos. No fue el mejor, la verdad, pero por cuestiones ajenas a nosotros. Pasaron bastantes cosas no muy lindas, pero estuvimos para apoyarnos y bancarnos en esos momentos. Ese año empezó el nomadismo. De Ciudad Jardín al Abasto, del Abasto a Nuñez y de Nuñez de vuelta a Ciudad Jardín (una vuelta al perro un poco largo y que duró casi cuatro años).El año siguiente a mí se me ocurrió empezar a trabajar nueve horas. Basta del monotonismo del call, tengo que empezar a adquirir experiencia en lo mío, y así fue como entré a la consultora. El nenito, por su parte, pasó de trabajar cinco horas, a seis, y después a siete algunos días. Por suerte, vivíamos más cerca, lo que nos permitía vernos un poco, pero no demasiado. Ese año queríamos irnos de vacaciones juntos (solos), yo ya tenía más de 21 pero la educación conservadora y tradicionalista (junto con un poco de culpa cristiana) impidieron que esto suceda.
Finalmente, en el 2007, nos fuimos a Brasil. Luego de un fallido intento en hacer el camino del Inca (el chiquito se colgó con la reserva del grupo y nos quedamos sin lugar, tuvimos que cambiar pasaje, hotel, etc.), y con un viaje kilométrico en Gol (Buenos Aires, Iguazu, Asunción, Curitiba, San Pablo), llegamos a Maceió. Increíble lugar. Yo terminé de cursar y sólo me quedaban tres finales y la tesis (atención: esto fue en diciembre de 2007).